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Un daño irrespirable




Por Matías Audisio 

El día miércoles 17 de junio por la tarde se realizó una acción pacífica para visibilizar la preocupación de distintas organizaciones y de un sector de la sociedad  en torno a las quemas en las islas del Paraná. Más de un centenar de personas asistió a esta manifestación con las consignas “basta de humo” y “ley de humedales ya”. Con distanciamiento social, se llevó adelante un abrazo al río para manifestar la necesidad de que se tomen medidas en torno a esta problemática. A su vez, desde las organizaciones hicieron viralizar una carta abierta en donde se esgrimen sólidos argumentos que respaldan las exigencias.

Los pedidos fueron muy concretos: en primer lugar, la aprobación de una Ley de Humedales que aporte regulaciones en la intervención de las islas y designe presupuesto y recursos para su investigación. En segundo lugar, la identificación y sanción a las personas responsables de este hecho y también la intervención correspondiente del Estado Nacional, los Estados provinciales y municipales de acuerdo a lo establecido en el PIECAS DP (Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sustentable del Delta del Paraná) garantizando que toda intervención en la zona sea compatible con la sostenibilidad ecológica de los humedales.

Con gran efusividad y en medio de una llovizna, los y las manifestantes se ubicaron a lo largo de la explanada del parque mirando hacia el río, en donde la vista aún permitía identificar los rastros del humo.


Quemas: Fuego al presente y al futuro


Durante varios días la ciudad de Rosario se mantuvo bajo una literal cortina de humo. Además de contaminar el aire, este hecho también generó graves consecuencias en materia ambiental y de salud pública. El hecho tuvo su origen en las islas, en donde propietarios de las tierras habrían quemado intencionalmente esta zona para abastecer al ganado de alimento con el llamado “rebrote”. El avance de la frontera sojera como actividad económica predominante deja poco espacio al sector ganadero y estos propietarios deciden trasladar al ganado a este ecosistema, que poca correspondencia tiene con el tipo de explotación que realizan.

 

Ph: Matías Audisio
El centro de la ciudad de Rosario cubierto por una estela de humo - Lunes 15 de junio.



 

Las quemas, son una práctica que se lleva adelante para ganar terreno y explotar mejor la tierra y, sin ir más lejos, es lo que provocó el terrible incendio en el Amazonas. A diferencia de otros ecosistemas en donde el fuego se constituye como un factor regulador, en este tipo de regiones este rol regulador lo tiene el agua. Tampoco las vacas son un factor natural, a pesar de ser parte del paisaje desde la época colonial. En este caso las imágenes desgarradoras no son de Brasil o Australia: se trata de nuestro humedal. 

Salvando la distancia, no es descabellado pensar que las quemas en el Amazonas influyeron en la falta de lluvias, las cuales fueron un factor determinante en el descenso más grande que tuvo el río en décadas. A su vez, esta bajada también influyó en la gravedad de las quemas ya que dejó  al descubierto mayor cantidad de material seco e inflamable por la falta de agua.

Hasta el momento ya se detectaron más de 2750 focos de incendio sólo en el territorio del PIECAS (desde la ciudad de Diamante en Entre Ríos hasta Campana, Buenos Aires). Estas quemas se intensificaron en el mes de mayo y tienen innumerables consecuencias en nuestro ecosistema que llevan a la pérdida de flora y fauna así como también de nutrientes necesarios para el desarrollo de la vida e, inclusive, al aumento de erosión del suelo durante las inundaciones. El fuego consumió más de 2000 hectáreas de pastizales en los últimos 30 días y el operativo para contenerlo cuesta un millón de pesos por día y un consumo de agua de 1000 litros por cada descarga del helicóptero, según el titular de Protección Civil provincial.

Todo tiene que ver con todo 

Las causas y las consecuencias de las quemas en las islas del Paraná están envueltas en un panorama complejo. Siempre para cuidar, primero hay que conocer, es por esto que Cecilia Quaglino y Jackeline Ermini aportaron a Sin Cerco información y distintas perspectivas sobre el asunto. Cecilia tiene 28 años, es estudiante avanzada de Ingeniería Ambiental en la Facultad de Química e Ingeniería de la UCA y es activista del movimiento internacional Friday For Future, o Viernes por el Futuro.

Reflexionando sobre lo que está sucediendo en las islas, Cecilia señaló que esta situación está relacionada con la crisis climática a nivel internacional. Descartando que se trate de un caso aislado, designa a las quemas como consecuencia de las prácticas de explotación que reinan a nivel global y que, al día de hoy, tienen consecuencias terribles. “Todo esto va a tardar décadas en reconstruirse”, afirmó la activista, haciendo alusión al impacto negativo que tuvieron las quemas para la flora y la fauna en nuestro humedal y señaló que  esta situación es comparable a lo que pasó en el Amazonas: “Las fronteras son un invento del ser humano, todo tiene que ver con todo”.

“Los humedales son de gran importancia, son nuestro pulmón. Hay que empezar a preguntarnos cómo vamos a explotar los recursos de esta manera en pos de un negocio. Algunas personas me responden que “hay que comer igual” pero, cómo comemos”, reflexionó Quaglino, haciendo énfasis en la necesidad de plantear una nueva manera de producir que no nos lleve a una debacle climática.

 

Ph: Matias Audisio
La imagen fue tomada el miércoles 17 de junio en la manifestación pacífica en el playón del Parque España.




A su vez, Cecilia recalcó la importancia de la educación ambiental. Actualmente en la educación formal existe contenido mínimo en torno al cuidado del medio ambiente. Sin embargo, desde distintas organizaciones se afirma que esto no es suficiente. “De qué sirve que me hagan reciclar o cuidar el agua si hay empresas que la gastan y contaminan a gran escala aún existiendo una regulación al respecto de sus afluentes”, cuestionó.


En torno a esto último, la joven indicó que son necesarias acciones individuales que se correspondan con un horizonte de cambio, aunque este pueda ser un proceso incómodo y generar resistencia. Además, no hay que dejar de lado que las acciones individuales no alcanzan y resulta indispensable la organización colectiva para exigir medidas para una transformación de fondo ya que, como señaló Cecilia: “lo que está en juego es nuestro presente y nuestro futuro”.

Justicia social es justicia ambiental 

La quema de las islas es una demostración más de que el sistema de explotación de recursos es el que nos lleva a la crisis climática que hoy estamos atravesando. Esta situación afecta directamente en la vida de la flora y la fauna de los ecosistemas y, como  personas, no estamos exentas de esas consecuencias.


Ph: Matías Audisio





Jackeline Ermini es estudiante avanzada de Biotecnología en la UNR y activista del movimiento Jóvenes por el Clima. Este espacio aporta una perspectiva necesaria a la hora de pensar la intervención ambiental. Para la activista, el ambientalismo debe ser popular, inclusivo y latinoamericano, pero ¿por qué?


“Vivimos en un país con más del 30% de pobreza y las consecuencias de la crisis climática las sufren principalmente los sectores más vulnerados. El ambientalismo no puede ser sólo un problema de gente rica”, destacó la militante, tensionando la idea del ambientalismo clásico en donde el pilar es la perspectiva biológica. 

Hablar de crisis climática es hablar de una crisis socio-ambiental, la cual pone al ser humano en un lugar de responsabilidad frente a las consecuencias de la explotación.  El ambientalismo, según Jovenes por el Clima, debe ser inclusivo y abarcar a sectores que al día de la fecha no se encuentran contenidos en esta causa. “Por qué nunca vemos organizaciones populares o villeras en nuestras marchas” se preguntó Jackeline en la entrevista.

Otra idea pilar es el latinoamericanismo. Desde este espacio remarcan que Latinoamérica es un territorio con una característica distintiva: “somos un continente con quinientos años de saqueo y seguimos pensando a nuestra tierra sólo como un elemento de explotación económica. Nuestra historia nos persigue hasta el día de hoy”, remarcó Ermini.

Es preciso concluir, a partir de estas afirmaciones, que el ambientalismo se constituye sobre todo como una reivindicación de cambio estructural para producir y relacionarnos con nuestro entorno de una forma más armónica. Las acciones individuales son necesarias así como también las colectivas a la hora de exigir políticas y leyes.

Jackeline expresó con preocupación que las organizaciones ambientalistas (apoyadas en evidencia científica) sostienen que no queda mucho tiempo para que lleguemos a un punto de no retorno en materia climática. Con esa urgencia, es que se exigen a las autoridades las políticas necesarias para regular las acciones que agravan esta situación y, particularmente, a los privados que explotan sin importarles el daño que producen.

No fue un murciélago, fue la destrucción ambiental 

Si bien este hecho puede parecer otra mala noticia en medio de la situación mundial, aunque sea en las islas, las quemas no son un caso aislado. Este tipo de prácticas son las que actualmente se presumen como causantes de lo que hoy conocemos como la pandemia del Covid 19.

¿Qué relación puede existir entre la quema en las islas del Paraná y la propagación de una pandemia? Aunque parezca alejado, el avance sobre los ecosistemas de forma indiscriminada y su explotación no produce otra cosa que el acercamiento del humano a especies con las que no convive cotidianamente.


Entre las especies de un determinado ecosistema, se produce lo denominado zoonosis: un fenómeno natural a partir del cual se produce un intercambio de virus entre los individuos sin que ello represente un problema. Sin embargo, cuando invadimos territorios o destruimos el hábitat de determinadas especies, la transmisión de virus pasa a producirse con las personas.

Descartada la hipótesis de que el Covid-19 es un virus creado, una de las teorías sobre la causa de la pandemia, al día de hoy más legitimada, tiene que ver con estas intervenciones humanas que dan por resultado la destrucción de la biodiversidad y la exposición a especies con las que usualmente no tenemos contacto. La caza ilegal y la mascotización también propician este tipo de situaciones.

Por estos motivos, se hacen cada vez más necesarias medidas que aporten a la consolidación de la educación ambiental, que promuevan la preservación y la intervención responsable en los distintos territorios y que propicien la investigación. Esta crisis climática la sufren principalmente (y quedó demostrado durante la pandemia) los sectores populares. La concentración de la riqueza, la explotación de la tierra y la mirada mercantil sobre la producción y distribución de los recursos deja a los sectores más empobrecidos en una situación de más vulnerabilidad. Por ello, no solo el Estado debe tomar cartas en el asunto, sino también las organizaciones políticas, sociales y toda la población en su conjunto.


Sobre todas las cosas, la destrucción de una parte de las islas en un contexto de pandemia nos lleva a una conclusión ineludible: la salud pública no puede ser pensada sin salud ambiental.

 
Post date: 2020-06-21 13:26:08
Post date GMT: 2020-06-21 13:26:08

Post modified date: 2020-07-07 13:12:00
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