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Vivir el Encuentro y escribir para contarlo




Por Azul Martinez. Fotografías: Ana Isla, Noah Pellegrini

 

Levantarme de la cama y pensar “es hoy”, ir a trabajar más contenta que de costumbre, salir del trabajo y recorrer el centro comprando las cosas que me faltan para el viaje, llegar a casa y armar la mochila, mensajearme con mi amiga todo el día, que me avise que su mamá se copa y nos lleva en auto a la estación. Llegar a la estación de tren y encontrar grupos de mujeres con sus mochilas y bolsas de dormir, intercambiar miradas cómplices con todas, encontrarse a conocidas y preguntarles: “¿Vos también vas al Encuentro?”, charlar con otra conocida que no viaja, pero me felicita, sentirme reconfortada cuando me abraza y me pide que me cuide. Subir al tren nerviosa, no encontrar el DNI, preocuparme, encontrarlo y respirar aliviada, subir. Viajar con mi amiga y pasar toda la noche sin dormir, sentirme ansiosa en todo momento, caminar de un vagón a otro, sentarme de nuevo, hablar entre nosotras, contarle mis expectativas y que ella me cuente las suyas, flashear con lo que vamos a hacer, escuchar conversaciones de otras mujeres y darte cuenta que todas hablan de lo mismo. Revisar por enésima vez la info de los distintos talleres en el celular, ir anotando los que nos gustan a cada una, fijarnos si hay coincidencia en las elecciones, encontrar un taller en común y decidir que el primer día vamos a ir juntas a ese. Quedarme dormida un momento y soñar con la marcha, levantarme y contarlo, ver por la ventana que ya amaneció, compartir la torta que mi mamá cocinó para que me lleve, que mi amiga me comparta un paquete de galletitas que trajo de su casa, que el tren se detenga por cinco minutos, que se vuelva a poner en funcionamiento y sentir que pasó una eternidad.



Llegar a Retiro, ir rápido a tomar el subte, ver cómo en cada estación se suben decenas de mujeres, bajar del subte todas juntas, ir todas juntas al baño, que se arme una fila interminable, salir del baño e ir corriendo a tomarnos el tren Roca. Subirnos y llenarlo por completo, viajar apretada, sentir que no solo es la poca distancia lo que me une con el resto. Ir coreando canciones, charlar con un grupo de pibas, que me conviden mate, llegar a La Plata y festejar en manada, bajarnos ansiosas del tren. Comprar un café, charlar con el dueño de un bar, que me cuente que está contento porque no paró de vender en toda la mañana. Que la chica que nos va a hospedar y a la que conocí hace menos de un mes me diga que nos está yendo a buscar en auto, esperarla y que se largue a llover a cántaros. Sentarnos en el piso y avisarles a nuestras familias que llegamos bien, revisar las redes sociales y ver que un montón de contactos también viajaron. Que llegue un mensaje que me avisa que nos está esperando afuera, correr bajo la lluvia, empaparnos y que no nos importe. Subir al auto, que la piba te diga que vamos a parar en la casa de su abuelo porque en su casa no hay más lugar. Llegar a la casa y que el abuelo nos reciba con un abrazo y con la cama tendida, aprovechar para dormir un ratito. Levantarnos y que esté el almuerzo listo, sentirme en familia, aunque sea la primera vez que compartimos una comida juntes, que el abuelo hable con lenguaje inclusivo y nos cuente anécdota tras anécdota.



Armar la mochila y tomarnos el colectivo para ir al taller, sorprenderme de la cantidad de mujeres con sus pilotos que caminan en grupo por las calles. El pañuelo como símbolo de hermandad. Llegar a la facultad y que te indiquen donde está el taller, sentarse y empezar a hablar con personas que están ahí, compartir mates y galletitas, armar una ronda, que no haya coordinadora y una piba tome la posta y empiece a hablar, intercambiar opiniones. Que se abra la puerta y lleguen más y más mujeres, pibas, chicas y chicos trans, personas que cuentan que se perciben no binaries, observarles e imaginarme de dónde vienen, escucharles, aprender. Salir de taller y recorrer los distintos puestitos de la feria, prometerme a mí misma que esta vez me voy a contener con los gastos, terminar de decir esto, ver un pin que me encantó y comprarlo automáticamente. Llegar a Plaza San Martín y no poder creer la cantidad de personas que hay reunidas, mirar a todos lados para ver si encuentro alguna cara conocida, chocar miradas con gente que no conozco y sentirme hermanada, sonreírnos. Ir a tomar una birra con un grupo de pibas que conocimos ese día, compartir chistes, risas, confesiones, abrazos. Volver a la casa, bañarme, acostarme en la cama, ver las historias de Instagram para vivenciar el encuentro a través de la mirada de otres, cerrar los ojos un segundo, quedarme completamente dormida con el celular en la mano y la ropa del día puesta.



Levantarme y cambiarme rápido, ir a tomar el colectivo, bajarme en la calle que me indica el Google Maps, caminar, desorientarme cuando aparece una diagonal, seguir caminando y terminar en cualquier lado, darme cuenta de que estoy perdida, putear a la diagonal, que otras mujeres se paren a ayudarme, me den indicaciones y me acompañen unas cuadras. Despedirme y seguir caminando, volver a pedir indicaciones a una vecina que barre la vereda, que dos mujeres que están por subir a un auto me escuchen y ofrezcan llevarme, no tener miedo de subirme. Llegar al taller media hora después, ponerme contenta porque todavía no empezó, estar sola y, sin embargo, no sentirme sola nunca. Abrirme a otras personas, contar lo que siento y que nadie me juzgue, intercambiar opiniones, escuchar, escuchar mucho y reflexionar, atravesar un intenso momento de introspección. Salir de taller y seguir rosqueando con otras pibas porque tres horas es muy poco y quedamos re manijas, ir caminando por la calle, cruzarme con la misma diagonal de la ida y mirarla con más cariño. Llegar a la plaza y que salga el sol, comprarme un chori y una birra, sentarme en el pasto, mirar alrededor, que suene Sara Hebe de fondo, sentir que hay incluso más gente que el día anterior. Levantarme, recorrer la feria por más de dos horas, que me guste todo, mandar a la mierda la promesa de no gastar. Volver al taller, compartir conclusiones, redactar entre todes una moción para que de una vez el encuentro sea Transfeminisa y Plurinacional, que nadie se oponga.



Salir de taller, encontrarme con mi amiga e ir caminando juntas hacia el punto donde quedamos en concentrar, encolumnarnos. Que en el grupo de WhatsApp pasen todas las letras de las canciones que vamos a cantar, practicarlas. Agitar para que empiece la marcha, sentir que comienzan a moverse, escuchar los bombos de las pibas, arrancar a caminar cantando: “Qué organizadas que se nos ve, que el feminismo dirija la CGT”, pensar que en cualquier momento lo logramos.  Caminar mirando para arriba, ver mujeres que agitan pañuelos y saludan desde los balcones, cantarles: “Mujer escucha, únete a la lucha”, seguir caminando. Mensajearme con amigas que marchan en otras columnas para saber si están bien. Sacar fotos y subirlas a Instagram, sacar fotos y mandarlas a los grupos de WhatsApp de amigues, sacar fotos y simplemente guardarlas para atesorar el momento. Aprovechar para elongar las piernas en los momentos en que frenamos, revisar el celular para estar al tanto de si pasó algo, comprobar que nadie habla de represión, respirar tranquila. Abrigarme cuando empieza a bajar el sol, sentir frío, amucharnos entre todes para conservar el calor. Encontrarme con dos amigas en un momento de la marcha, saludarlas rápido para no quedarme atrás, escuchar que se habla de más de 30 cuadras de marcha, pensar que el número es quizás un poco exagerado. Seguir caminando, darme cuenta que falta poco para llegar al Estadio Único de la Plata, manijear con el festival, pensar que en un ratito voy a estar bailando al ritmo de Chocolate Remix. Llegar después de cuatro horas y quedarme sentada en el piso aguardando a que abran las puertas del estadio, aprovechar para averiguar si mis amigas siguen bien, confirmar que nos les pasó nada y guardar el celular. Dedicarme a observar cómo van llegando las distintas columnas. que una piba me convide un trago de su birra y me cuente que hay grupos que recién están empezando a marchar, dimensionar realmente la magnitud del Encuentro, abrazarme con ella y decirle “estamos haciendo historia”.

Post date: 2019-10-16 15:04:43
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