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Las voces de la crisis




Por Diego Carballido.   Fotografía: Julián Miconi

 

Lejos de las especulaciones por el valor de las acciones, o de los centavos que ubican al dólar por encima, o por debajo, de su cotización. A millones de pesos de distancia de los centros de poder financiero que digitan condiciones de préstamos con cifras astronómicas y, aún más lejos, de las calificaciones internacionales que miden la credibilidad de nuestro país.

Lejos de todo eso, pero a pocas cuadras de donde transcurre la vida cotidiana de la ciudad, las consecuencias de una nueva crisis económica en el país empiezan a dejar su huella en los espacios e instituciones sostenidas por el trabajo solidario y el esfuerzo colectivo.

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Eduardo Matuc es profesor en la escuela secundaria Nº 407 y Daniel Medina es el maestro de la primaria nocturna Nº 65, ambos establecimientos que funcionan en el barrio de Las Flores, en el extremo sur de Rosario. Matuc y Medina, hacen más de veinte años que trabajan en la zona y ya han sido testigos de diferentes avatares de la economía argentina y cómo su coletazo pega con más fuerza en esta zona de la ciudad.

"Las Flores es un termómetro social del país. Pensemos que en este barrio se produjeron los primeros saqueos en 1989 y en el año 2001 fue donde mataron a nuestro compañero “Pocho” Lepratti”, me adelantó Medina y agregó: "Los pibes llegan con mucha hambre a la escuela y las raciones, muchas veces, no alcanzan". Estos docentes, desde hace un tiempo notaron como muchos de sus alumnos asisten a los comedores comunitarios del barrio durante la semana, pero llegan, los días lunes, con mucha necesidad.

Al término de las vacaciones de invierno, decidieron intervenir en esa situación y gracias a la ayuda de una alumna y vecina del barrio, Carolina, montaron una olla popular que funciona todos los sábados en el patio de su casa. "Empezamos a partir de la sugerencia de Carolina, una alumna de Daniel, y ella nos cedió el patio de su casa para poder cocinar. Ya llevamos varios sábados preparando raciones", contó Matuc y no dudó en dar su diagnóstico de la situación: "Esta es la vuelta a los años noventa, pero potenciada. Esta vez, la diferencia fue el colchón social que demoró un poco la llegada de la crisis, pero desde hace dos años que vemos chicos con hambre".

Al principio, preparaban las raciones con lo que podían juntar entre los dos, de su propio bolsillo, con el correr de las semanas fueron recibiendo el apoyo de otros docentes y espacios que apoyan el esfuerzo de estos docentes que decidieron palear de esta manera el hambre en el barrio donde trabajan desde hace décadas.

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El hambre que azota Las Flores es el mismo que aprieta a todos por igual en los barrios más carenciados de la ciudad. Si a las capas medias de la sociedad les cuesta llegar a pagar los impuestos y los servicios, o tuvieron que ajustar sus necesidades de consumo, en las bases de la pirámide social está costando tener todos los días algo para comer.

Como me lo resumió en una anécdota el sacerdote Federico Salmerón, párroco que recorre desde hace cuatro años las calles del barrio Ludueña asistiendo a quienes más lo necesitan: “Esto me pasó el otro día. Iba caminando por el barrio y me encontré con un chico llorando, me acerqué y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que lloraba porque tenía hambre”.

Las mismas calles que lo vieron caminar al padre Edgardo Montaldo y a “Pocho” Lepratti tratando de morigerar el impacto de las políticas neoliberales de los años noventa, vuelven a tener sus comedores comunitarios trabajando al tope de su capacidad y colas de hasta una cuadra de personas pidiendo por un bolsón de mercadería.

“Como sociedad necesitamos buscar las formas de solidaridad para que estos pibes no tengan que pasar hambre. Sobre todo, si está al  alcance poder brindarles una instancia superadora, como es facilitarles un trabajo. En el Ludueña, tenemos los espacios educativos llenos de gente comiendo no porque no haya un interés por capacitarse, sino porque hay hambre. Por eso, animamos a que la gente pueda romper los tabúes, se acerque y deje atrás esos prejuicios que identifican a la gente de los barrios como vaga. En realidad, se trata de personas que no tuvieron las mismas posibilidades familiares o sociales como para afrontar la vida de otra manera”, reflexionó Salmerón.

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Y cuando las necesidades salen de los barrios, se pueblan las calles del centro con familias enteras buscando algo en los contenedores de basura. Cartón, ropa o restos de comida, todo es recolectado por estos transeúntes invisibilizados que recorren el centro neurálgico de la ciudad.

Carros tirados por personas revuelven una y otra vez aquello que otros desechan para tratar de encontrar allí alguna forma de subsistencia. Para muchas de estas personas, la calle se convirtió en su único y obligado hogar. Según Josefina García, referente del Colectivo de Organizaciones “Situación de Calle Rosario”: "La cantidad de gente en la calle ha ido en aumento en el último tiempo y por eso se tuvieron que abrir nuevos espacios de refugio".

El Colectivo “Situación de calle Rosario” engloba a todas las agrupaciones de voluntarios y voluntarias que asisten con abrigo y comida a las personas que, por diferentes motivos, no tienen un techo donde dormir y tiene que hacerlo en la calle. Desde hace varios años, este Colectivo ve cómo se ha ido incrementando la cantidad de personas en situaciones de vulnerabilidad. "Siempre la problemática de la situación de calle se la aborda desde la urgencia y cuesta hacer algo a largo plazo que les permita una independencia", explicó García y aseguró que: "Últimamente, venimos encontrando gente que hace poco tiempo vive en la calle y se ha sumado mucha población joven. Ya sea por razones económicas, familiares o habitacionales, pero han quedado viviendo en la calle".

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Fueron los clubes de los barrios quienes no dudaron en dar refugio a las personas en situación de calle cuando comenzaron a azotar  las bajas temperaturas de este crudo invierno. Uno de los primeros en abrir sus puertas fue el club Nuevo Horizonte, integrante de la Red de Clubes Rosarinos de la cual Jeremías Salvio es su presidente.

"Hace tiempo que desde la Red venimos observando con preocupación la necesidad en los barrios. Nosotros lo vemos reflejado en el hecho de que la gente no llega a pagar la cuota de los clubes, que siempre tienen valores simbólicos", analizó Salvio.

La Red de Clubes agrupa a decenas de instituciones deportivas a lo largo de toda la ciudad y también han decidido realizar campañas solidarias para recolectar alimentos que son destinados a diferentes comedores. “Otra cuestión que nos preguntamos es ¿qué pasa los fines de semanas con los chicos que durante la semana almuerzan en las escuelas?".

Al mismo tiempo que desde esta organización se ocupan de alivianar las necesidades en los barrios, tienen que batallar con su propia porción de la crisis teniendo que afrontar boletas de los servicios con valores inalcanzables. "Es un tema muy complicado, porque recibimos facturas de hasta 120 mil pesos de gas y todavía no han llegado las que corresponden a los meses de frío. Son imposibles de afrontar", compartió su preocupación Salvio.

"Creemos que varios clubes de la ciudad no van a poder pagar estos servicios, porque encima muchas de las instituciones tienen menos socios que el año pasado”, concluyó Salvio.

 

 

 

 

 

 
Post date: 2019-08-22 21:37:55
Post date GMT: 2019-08-22 21:37:55

Post modified date: 2019-08-23 11:37:58
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