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Los dos helicópteros




Por Lucas Paulinovich. Fotografía: Nadim Abraham

El presidente está ante un atril de frente a un montón de varones uniformados sentados en sillas. A un costado, con una bufanda azul y tomándose de las manos, se encuentra el ministro de Defensa, Oscar Aguad. A su espalda, un helicóptero verde oscuro. Más allá, hay dos más, uno a cada lado. El lugar es Campo de Mayo, un ex centro clandestino de detención y desaparición de personas dependiente del Ejército. Son alrededor de las 9.30 del lunes posterior al fin de semana del Día del Amigo que el presidente pasó acompañando la visita de la directora del Fondo Monetario Internacional -FMI-, Christine Lagarde, quien vino a cumplir la primera auditoria y a buscar acuerdos opositores y garantías de cumplimiento. 

El presidente se agarra del atril y habla, gesticula, anuncia que, en contra de la ley de Defensa Nacional y la ley de Seguridad Interior, dispondrá la participación en seguridad interior de las Fuerzas Armadas -FFAA-. La escenografía de helicópteros y ranciedad marcial adquiere, así, una densidad corrosiva. Unos días antes, hasta Clarín publicó una irónica foto donde se lo ve a Macri al lado de un helicóptero. En las horas de mayor incertidumbre gubernamental, en medio de una crisis que derivó en la decadencia de las aspiraciones reeleccionarias y llegó a sembrar dudas sobre el final anticipado del mandato, Mauricio Macri opera un viraje con esa figura que condensa los horrores de la debilidad institucional: al helicóptero civil que amenaza con llevarse su presidencia, lo devuelve redoblando la apuesta con el helicóptero militar que trae a las FFAA al territorio.

El contraataque del gobierno es un guiño de gobernabilidad hacia el mercado y el Fondo Monetario Internacional, pero también un intento de ganar autoconfianza, removido internamente con el destape de los aportantes truchos que exhibió su siniestra tradición con el robo de identidades para la estafa electoral. Un puñado de minutos y una serie de frases preestablecidas le sirvieron a Macri para romper el pacto mínimo de 35 años de democracia que separaba a los militares de la vida interna del país: la consigna es readaptarse a las "nuevas amenazas" y para eso necesitan reconfigurar los consensos alcanzados en la posdictadura. Las FFAA estarán a disposición para el control de los objetivos estratégicos frente a la amenaza del conflicto social y laboral. Un acontecimiento central en la vida democrática reducido a unas pocas palabras coacheadas y mal vocalizadas.

El nuevo decreto apunta a tener FFAA "dinámicas, livianas, adaptadas a las nuevas tecnologías y tendientes a enfrentar un concepto más moderno de ataque al país", incluyendo una "profunda reconversión militar que incluirá una fuerza de despliegue rápido" y la creación de unidades conjuntas integradas por militares del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, con la "incorporación de tecnología y más adiestramiento y capacitación". La presencia de Estados Unidos e Israel, maestros, entrenadores y proveedores de equipamiento, emergen colosales. La lista de avances en contra de los fundamentos básicos del pacto democrático se extienden hasta el primer día de mandato en diciembre de 2015, incluso durante la campaña electoral y la agitación de un discurso que llama a la "verdad completa", el desmantelamiento de las políticas de derechos humanos y el alineamiento judicial con las organizaciones de familiares y defensores de genocidas. En aquellos paseos preelectorales del 2015, fue Sergio Massa quien defendió la idea de darle a las Fuerzas Armadas funciones en el combate contra las drogas. Mauricio Macri y Daniel Scioli tantearon y ante el repudio generalizado, se replegaron.

Pero gobernar es otra cosa. El 1 de agosto llegan a Salta, Formosa y Misiones refuerzos de 500 militares para blindar las fronteras. La derogación del decreto que subordinaba a las FFAA al control político del poder ejecutivo, la avanzada del 2x1, las domiciliarias para los represores como el amplio abanico de reformas manoduristas que se despliegan en las normativas nacionales y provinciales, son los mojones previos a la consumación del anuncio del lunes. "Es importante que puedan colaborar en la seguridad interior", les había sugerido el presidente en el Día del Ejército.

Hay dos formas del espanto preferenciales a partir de las cuales se reorganiza la promiscuidad entre las tareas de Defensa y Seguridad: el narcotráfico y el terrorismo. El presidente y los funcionarios se toman el trabajo de nombrarlos siempre que pueden y ligarlos con matices a toda la oposición. El seguimiento estricto de las directivas continentales para el combate de las Nuevas Amenazas –que produjeron catástrofes humanitarias donde se aplicaron- es tan alevoso y sumiso como el cumplimiento de todas las pretensiones de los grandes actores del mercado financiero, la agroindustria y los conglomerados energéticos. El presidente también repite donde y cuando puede lo bueno que fue el "espaldarazo" que recibimos "del mundo": el domingo cerró el encuentro de Finanzas del G20 hablando un inglés más fluido que las forzadas respuestas en la conferencia de prensa que dio unos días antes.

El ciclo de remilitarización de la vida política que se abre con esta decisión del gobierno, se produce en un clima de tensión entre las FFAA y el poder ejecutivo que incluyó el paro que los militares hicieron para el 9 de julio y el desenlace paritario con un 20 por ciento de aumento. El presidente le había pedido un "esfuerzo patriótico" al jefe del Estado Mayor Conjunto, teniente general Bari del Valle Sosa, cuando el ministro de Defensa acababa de informar el plan de ajuste castrense que implica la subasta de cuarteles y bases, la poda del personal de las empresas controladas por Defensa, la reducción de los traslados al exterior y la desprogramación de unidades al borde de su vida útil. "Esta transformación no va a ser fácil. Los cambios profundos nunca lo son. Celebro que estemos unidos para alcanzar los consensos que nos permitan afianzar una política de largo plazo", señaló el presidente el lunes. Los nuevos consensos represivos van atados a la coyuntura de incertidumbre y precarización, y el gobierno moviliza miedos y odios con un discurso moralizante, castigador, que busca incentivar sensibilidades y activar legitimidad para dar pasos adelante en el plan represivo.

Tras el 18 de diciembre, con la represión en las afueras del Congreso mientras se votaba la reforma previsional, el gobierno aceleró la subasta del capital político conseguido en las elecciones legislativas de 2017. La etapa requiere el disciplinamiento de todos los focos de resistencia. Antes de que Macri arribara a Bariloche, las comunidades de Villa Mascardi volvieron a ser violentadas. En el sur ocurrieron dos muertes: el asesinato de Rafael Nahuel y la muerte de Santiago Maldonado en el marco de una represión a una comunidad mapuche; que ostentan Gendarmería y Prefectura, las hasta ahora predilectas fuerzas del ministerio de Seguridad. Durante su estadía patagónica, Macri recibió al Emir de Qatar, flamante auspiciante de Boca que compró 28 mil hectáreas junto a las tierras del magnate amigo del presidente Joe Lewis. Por ahora, la Guardia Real se encarga de recorrer las tierras y realizar disparos al aire esperando que el ministerio de Seguridad intervenga para correr a las comunidades que habitan una parte de esas tierras.

En una semana se cumple un año de la desaparición y muerte en ocasión de represión de Santiago Maldonado. La titular de la Oficina Anticorrupción Laura Alonso festeja una publicación que se burla del destino óseo de Maldonado. "Luv U", le escribió a la twittera chistosa. El cuadro de estigmatización, persecución y represión se completa con la banalización de la crueldad. La resistencia social al ajuste tiene escalas y zonas, tratamientos diferenciales. El poder de matar se reparte y el gobierno avanza en la reforma del marco legal para borronear los límites. La conflictividad urbana es una de sus mayores preocupaciones y el "mal de Moyano" es citado como necesidad para introducir entre los “objetivos estratégicos” los lugares de trabajo. Son los primeros metros ganados para extender la brutalidad represiva de los conflictos focalizados hacia la totalidad de las acciones de resistencia y los actos multitudinarios. El gobierno se empecina en enfrentar con palazos y balas el colapso del saqueo financiero y la tremenda transferencia de recursos en beneficio del capital, pintando de verde militar el fantasma del helicóptero que lo aterra. Muestra la voluntad de llevar al extremo la crisis inducida. “Se va a derogar. Si no, prácticamente pierden sentido las Fuerzas”, había anticipado Aguad. 
Post date: 2018-07-24 13:53:13
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Post modified date: 2018-07-24 16:07:38
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