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El paraíso desobediente




Por Diego Carballido. Fotografía: Ana Isla

¿Cómo se puede hacer un análisis completo de todo lo sucedido en los últimos días en el parlamento nacional? Resulta difícil porque fueron muchas cuestiones convergiendo en la plaza de los dos Congresos. Probemos desde lo generacional. Ahí, tenemos un comienzo. La sesión histórica de Diputados, de la que fuimos testigos el miércoles y jueves pasado, no es ni la culminación ni el comienzo de una historia que viene de mucho más atrás. Nos referimos a la organización como parte del movimiento de mujeres. No se pueden disociar los miles de pañuelos verdes en las afueras del Congreso, en una gélida noche casi de invierno, con la apasionante definición de los votos a favor de la media sanción por la despenalización del aborto. No se puede pensar esta aprobación sin esa militancia. Es en ese marco donde emergen, codo a codo, las históricas luchadoras por los derechos de las mujeres rodeadas de toda una inmensa red de contención construida por jóvenes y adolescentes protagonistas de esta nueva oleada. "Es un movimiento donde las más viejas aprendemos de las pibas" me dijo una vez una sexagenaria en la previa de un 8 de marzo.



 

Llevemos el análisis al contexto. Vivimos un presente donde los augurios de ajuste se hicieron tangibles. Aquella campaña del miedo, hoy se percibe en la derrota definitiva de nuestros salarios frente a la inflación. El recorte de las funciones del Estado -promocionado como parte de un plan que traerá beneficios a largo plazo-, la idea de evitar el derroche que todavía se utiliza en el discurso oficial -cada vez con menos efectividad entre los trabajadores- y, sobre todo, la depreciación en materia de derechos, incluida la quita de muchos de ellos, hacen difícil encastrar en este rompecabezas la posibilidad de que haya sido esta misma gestión nacional la promotora de la ley de despenalización de la interrupción del embarazo. Y en un sentido ágil de la oportunidad, al movimiento de mujeres no le importó. Saben que fueron ellas las que han presionado la palanca de la historia, desde masivos encuentros y movilizaciones, para llegar a este presente.

El abrazo al final de la sesión entre Lucila De Ponti -diputada por Peronismo para la Victoria- y Silvia Lospennato -diputada por Cambiemos- lo resume todo. Hay algo que se está gestando y es más profundo que una ley o las diferencias políticas coyunturales. Existe un entramado más sólido, construido en las calles a partir de las luchas de género, que empieza a hacerse escuchar en las cúpulas del poder. Sin dejar de lado que la política partidaria es una herramienta dinámica que permite a muchos espacios, tal vez otrora opositores a la salida de una ley de este tipo, hoy sumarse de manera comprometida.


Si pensamos en la sociedad en su conjunto, hace tiempo que un debate no encendía tanto las diferencias. El aborto como temática sacó a relucir los instintos más conservadores de la opinión pública con el surgimiento de posiciones que no se escuchaban desde la salida de la ley por el matrimonio igualitario. El desfasaje existente entre las distintas posturas tuvo su raíz en que estuvieron paradas en diferentes aristas de una misma problemática. Mientras que, desde un lado, se bregaba a gritos por la vida, en un primer momento, para luego pasar a "las dos vidas", siempre partiendo de la base de una expresión de deseo: "que no existan más abortos". Apelando como herramientas de argumentación a mandatos divinos o golpes bajos con fotos de embriones, centrándose en debates minuciosos acerca de cuándo es el microsegundo exacto en que ya estamos en condiciones de considerar a un embrión como persona, pero sin dar demasiadas respuestas a una situación tangible como son los miles de abortos clandestinos que hoy se producen a lo largo y ancho del país llevándose la vida de las mujeres, principalmente, de los sectores más vulnerables. Frente a esta postura, se encontraba toda una parte de la sociedad desde donde se apelaba a reconocer esta situación de precariedad y abandono existente para miles de mujeres y se exigía la presencia del Estado como garante de esas vidas que, de continuar en la clandestinidad el aborto, seguirán muriendo en quirófanos improvisados. Esta posición fue sostenida desde una revalorización del propio cuerpo de la mujer como parte fundamental en la decisión de continuar, o no, con el embarazo y teñida de ese lazo contemporáneo de aliento y compañía en la lucha que denominan "sororidad".



Con una economía que no dio tregua y, por la tarde del mismo jueves, desvió la atención hacia el dólar y con un inminente comienzo del mundial de fútbol en Rusia; en la era del bombardeo de la información y donde todo se torna efímero en pocas horas. En ese escenario, la organización del movimiento de mujeres sigue escribiendo su propia épica en las calles. Leyendo rápidamente las vicisitudes del contexto, apelando a nuevas forma de militancia y empatía con "aquelles" que aún no comprendieron la magnitud de esta verdadera revolución verde. Poniendo en jaque el statu quo, cuestionando mandatos ancestrales, peleándose con dogmas y, sobre todo, siendo protagonistas de su tiempo. Todo indica que el fenómeno masivo del que fuimos testigos en las afuera del Congreso, ni fue el comienzo ni será la culminación de un movimiento que promete un paraíso desobendiente en continua expansión.  
Post date: 2018-06-17 15:21:29
Post date GMT: 2018-06-17 15:21:29

Post modified date: 2019-05-25 14:15:26
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