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Un movimiento que sacude




Por Diego Carballido. Fotografías: Cristian Maiola, Joaquín Martínez y Julián Miconi.

Sin Cerco es un medio que, en su conformación, va a contramano del resto de los medios de comunicación ¿Por su forma de contar? ¿Por los temas que elige? ¿Por el análisis que realiza? Puede ser. Pero no iba por ahí el planteo. Sin Cerco es un medio de comunicación cooperativo, como existen varios en la ciudad, solo que en sus integrantes existe una disparidad que no se presenta en el resto: las mujeres son amplia mayoría. "Es necesario pensar por qué a las mujeres nos cuesta tanto llegar a los medios de comunicación masivos" dice Flor, integrante del equipo de redacción, unos minutos antes de marchar.



Por lo tanto, la marcha del 8M nos generó una disyuntiva para nada menor. Si las compañeras no iban a trabajar, corría riesgo la cobertura y eso traería consecuencias en la visibilización de un hecho que las involucra en primera persona. Subsanada la cuestión de las tareas, respetando la decisión de las compañeras y repartiéndonos entre los compañeros las responsabilidades, quedaba en el foco de análisis la segunda cuestión: es el día de ellas, de su marcha multitudinaria, y vamos a ser hombres los que, como hace siglos, daremos nuestra visión al respecto.

Así es, fuimos fotógrafos y periodistas quienes ocupamos el lugar que mejor nos cabe en este tipo de eventos: espectadores. Atentos a las vicisitudes, pero a un costado, porque es todo de ellas. Fuimos testigos privilegiados de este momento histórico.



Hecha esta aclaración, vamos a esa plaza San Martin repleta de columnas de partidos políticos, sindicatos, agrupaciones artísticas y autoconvocadas, todas portando el violeta que las identifica, en alguna parte de su cuerpo. Todos los espacios dando la conducción a las compañeras y a los integrantes de los colectivos LGTBIQ. Más de veinte cuadras, casi 50.000 personas, fueron el resultado de una militancia que vienen realizando las mujeres hace varios años. Militan para que la transformación suceda, y la opresión que el patriarcado, léase sistema capitalista, les aplica sistemáticamente desde siempre, deje de suceder.

Pañuelos, banderas y muchas de las participantes están pintadas, convirtieron a su cuerpo en una gran pancarta de denuncia. Algunos de esos cuerpos, diezmados por los mandatos de belleza, hoy son voces pintadas pidiendo por el aborto legal, la igualdad en cuanto a derechos, el reconocimiento por su trabajo o el final de la violencia generada por el hombre, en cualquiera de sus formas.

"Yo trabajo en una escuela y falta mucho todavía con respecto al machismo", me dice Jacqueline, una maestra de grado que es la primera vez que participa de esta marcha. Así como ella, me encuentro con varias que están expectantes a que empiece a caminar la marea violeta pero no se encolumnan en ninguna de las agrupaciones. Son el fiel reflejo del crecimiento exponencial que vive el movimiento de mujeres. La fuerza de las consignas generadas en conjunto supera las estructuras partidarias o políticas, y llega hasta las independientes.

"Muchas veces leemos sobre momentos de la historia que nunca vivimos, y estamos transitando uno que será importante para las generaciones futuras", reflexiona Delfina, otra de las que asiste por primera vez, y agrega: "No formo parte de ninguna agrupación pero vine porque soy mujer y hay que movilizarse".



Mientras el grueso de las manifestantes comienzan su marcha, me acerco a charlar con las compañeras de Sin Cerco, a quienes se las ve felices de formar parte de tamaño evento, pero un tanto inquietas con su rol profesional que no les permite dejar de ver todo con ojos de trabajadoras de prensa. "Entré a la plaza y lo primero que quería hacer era sacar fotos. Es raro, porque siempre se tienen ganas de contar lo que está pasando", me dice Nadim, integrante del  equipo de fotografía, y acto seguido me cuenta algo que le había sucedido: "Hace media hora me dijeron: feliz día, aunque sé que a vos te molesta. Le contesté que hoy es un día feliz si lo vemos desde otra perspectiva. Se está movilizando gente que no se hubiera movilizado y hay mucha deconstrucción de parte de los varones y de algunas mujeres”. A su lado, Carla, integrante de redacción, agrega: "Muchas amigas me dijeron que tenían ganas de marchar, y no forman parte de ninguna agrupación. Eso fue muy emocionante".

Ya el grueso, y el colorido, de la manifestación atraviesa de par en par calle Oroño, desde Santa Fe hasta Pellegrini, y me cruzo con las Chiquita Machado, grupo de cumbia latinoamericana conformado por chicas, que también habían tomado la decisión de marchar en lugar de mostrar su arte. Marina, su cantante, me dice: "Es un momento increíble para salir. Hay una atmósfera de lucha, amor y sororidad, increíble. Es una consigna que no solo despierta a las que militan orgánicamente, sino que hay un montón de mujeres que se están despertando y se suman a la causa. Cada una tiene su espacio de militancia, siendo docente, artista o en algún partido político", y en su reflexión no deja afuera a todas las que hubiesen querido estar, pero las circunstancias no se lo permitieron: "Por ellas estamos acá, por las que no están, por las que no pueden estar y por aquellas que no están preparadas para asumir esta lucha. Siempre hermanadas y en representación de todas".

Ahora, la marea violeta ocupa los dos carriles de la avenida Pellegrini y los clientes de los bares de la zona observan perplejos las miles de transeúntes que se asoman cantando, bailando y advirtiendo que "el patriarcado se va caer, porque el feminismo va a vencer". En ese momento, me cruzo con otra parte del equipo de Sin Cerco y es Paula, una de las redactoras, quien con sus labios pintados de un violeta encendido me dice: "Está bueno que pasemos por los Tribunales, para que muchas de las personas que capaz no estaban ni enteradas, por lo menos se sientan interpeladas".

Ya casi está entrada la noche y calle Corrientes es un solo río de manifestantes. Me paro a la altura de la peatonal y me pongo a observar la cantidad de varones que acompañan la marcha. Son realmente pocos y están dispersos, algunos fueron encargados de la percusión y otros solo acompañan. No era momento de sobredimensionar cuál era o hubiese sido su mejor rol. El protagonismo lo llevan ellas, con sus consignas, sus reclamos y su alegría.



Finalmente, la Catedral recibe el abrazo de una decena de uniformados que temían por las pintadas sobre las paredes del templo. Algo que genera sobradas preocupaciones en gran parte de la sociedad, no tan así como las cientos de miles de mujeres que mueren en las improvisadas salas de operaciones, a causa de la ilegalidad del aborto.

La concentración llega a destino en la plaza que está a espaldas del Monumento y de cara al Paraná. Son casi las nueve de la noche y el pasto, las pancartas, la música, pero sobre todo el ambiente que se respira, dan ciertas reminiscencias de estar viviendo una postal de Woodstock. Enfrente del escenario, cruzando la calle, unos andamios gigantes daban cuenta de que el lugar escogido por Belgrano para izar nuestra bandera sufre un proceso similar al que está viviendo el tejido social: ambos están en reconstrucción.
Post date: 2018-03-12 13:08:05
Post date GMT: 2018-03-12 13:08:05

Post modified date: 2018-03-13 15:36:06
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