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Mujeres libreras




Por Pau Turina. 

Entrar a sus redes sociales implica zambullirse en sus casas llenas de libros. Y además, saber que vas a estar un rato largo buscando sus recomendaciones y las novedades literarias. Miles de “seguidores” están pendientes de sus sugerencias y entre quienes compran se van recomendando lecturas. A pesar que estas tres mujeres tienen historias distintas y viven en lugares diferentes, las une la pasión por los libros y una forma muy distinta de venderlos. La vecina libros y La ladrona de libros atienden desde sus casas y Arde Libros vende desde sus redes sociales.

Desde las cuentas de Facebook e Instagram se generan vínculos, vínculos entre las personas que comparten intereses y gustos. Pero aún así, seguimos buscando el contacto físico con otra persona, generar un encuentro con un otro o una otra. Es por eso que quienes se apasionan por la lectura se acercan a las casas de ellas para conocer sus bibliotecas desbordadas y así encontrar nuevas lecturas. Viajar desde otra ciudad para ir a comprar un libro, o hacerle una canción a la librería, o generar amistades con los compradores y compradoras, son algunas de las anécdotas que estas tres mujeres cuentan a Sin Cerco.

¿Quiénes son?



La vecina libros vive en Olivos, Buenos Aires. Su casa es su librería. Ella es Natalia Rozenblum. Natalia suspira todos los días y dice que tiene que aclararlo cuando da su taller de escritura para que no se asusten los alumnos. Estudió Filosofía, aunque menciona que se demoró en el final porque todavía no entregó la tesis. Los libros son sus compañeros, está rodeada de ellos porque le gusta leer y hace dos años que trabaja vendiéndolos, por eso en su casa no solamente hay libros en la biblioteca y en la mesa de luz, sino en la escalera, en el living, en los placares, por todas partes. “Empecé el 14 de enero de 2016. Nunca soñé con mi propia librería ni nada similar, pero soy impulsiva y entusiasta casi en la misma medida, y cuando vi una nota en el diario sobre librerías en casas sentí que quería hacerlo. Tardé menos de un mes en armar todo porque cuando quiero algo soy muy acelerada. A veces funciona y a veces no. Mi casa es mi universo, hace muchos años que trabajo desde acá a excepción de los talleres o alguna reunión. Me gusta estar en mi espacio, no hubiera podido hacerlo de otra manera”.


Foto: Patricio Gabriel Serantes


La ladrona de libros es del barrio Monte Castro en la ciudad de Buenos Aires. Se llama Elizabeth Graviotto y tiene 25 años. Eli, como la llaman, dice que desde chica no se puede quedar callada y que es muy “justiciera”. Comenta que su familia le enseñó siempre a buscar lo bonito en lo cotidiano. Para Eli, todas las personas estamos rotas, cargamos con una gran mochila de responsabilidades con el mundo, dice que algunas se pueden hacer las distraídas sobre esto pero a ella “no le sale”. Es por eso que encontró en los libros la distracción a momentos dolorosos. Según ella, es extraño lo que produce la literatura que nos hace salir de nosotros mismos pero a la vez nos mantiene internamente encendidos. “Hace 10 meses aproximadamente que estoy con La ladrona de libros. Lo decidí porque estaba muy triste y necesitaba compartir. Me la pasaba leyendo y si no podía leer porque estaba dispersa, me ponía peor, entonces ahí me decidí. Veo que se gestó muy naturalmente y eso lo hace más bonito. Al principio compraba libros, los leía para mí y si me gustaban los publicaba al mismo precio de compra, no obtenía ni un peso de ganancia pero es que yo lo único que quería era charlar de libros, aprender más y salir un poco de la que estaba. Así, sin siquiera entenderlo, fui recibiendo cada vez  a más personas que empatizaban conmigo y con mis modos, no solo de leer sino de sentir, de encarar determinadas posturas de amor ante la vida”.



Nuria Clerici es la mujer detrás de Arde Libros. Nuria toca la guitarra, vende libros y vive en Rosario. Se nombra como una trabajadora de la época y como una hija de su época, por eso es militante feminista. Lee libros porque le parece el más bello soporte para un texto. Para ella siempre los libros fueron su regalo perfecto, por eso tiene bastantes pero nunca suficientes y muchos sin leer todavía. Son su compañía y nunca sale de su casa sin un libro en la mochila. “Arde nació a principios de agosto del 2017. Ya hacia unos meses que había comprado el primer stock y si bien tenía definido el subtítulo ‘Libros para politizarlo todo', aún no había encontrado el nombre adecuado. Este se me ocurrió mientras leía una nota sobre Tucumán Arde. En ese momento, creé la página de Instagram. Afortunadamente, hoy una puede montar su negocio/emprendimiento sin tener un local a la calle. Instagram es mi vidriera, es la manera de mostrar lo que trabajo”, cuenta.

Sin Cerco les preguntó sobre las características de estos proyectos, sus experiencias y buscó sus opiniones sobre la relación entre mujeres y literatura.

—¿Creés que las personas buscan tu recomendación o una relación más cercana con quien vende el o los libros? ¿Hay un asesoramiento de tu parte como lectora de la mayoría de los libros que vendés?

Natalia: —Hay de todo, están quienes ya saben lo que quieren y están los que no tienen idea. En ambos casos me ofrezco a recomendar libros, pero trato de no ser una metida. Digamos que si vienen con un pedido no intento sumar nada más, pero si no tengo alguno de los libros que quieren entonces sí, trato de orientarlos con algo similar. Los otros casos son lo más increíbles, me pasó varias veces que me dijeran que no sabían qué leer o qué comprar, así que converso un rato y les doy opciones.

Elizabeth: Pienso seguido en eso, creo que es más profundo y hasta filosófico. La mayoría de los y las que vienen a la librería buscan muchas otras cosas además de libros. Buscan tiempo. Tiempo para con otros y otras y también para con ellos y ellas. Venir acá supone generarse un espacio, más pequeño o más grande, pero generarlo y hoy es necesario. Lo que aqueja a la mayoría que viene es justamente eso: "no puedo leer, me disperso, no presto atención, no tengo tiempo". Bueno, no sirve desesperar, hay muchas maneras de reenamorarse: leer lo que se pueda y quiera sin prejuicio, es un paso fundamental para volver a apropiarse del tiempo, estirarlo, ralentizarlo y eso es hermosamente tranquilizador. Venir a la librería, creo que supone toda esa búsqueda. Los libros son un poco la excusa de unión y aprendizaje. Si leer es ganar tiempo, entonces se convierte en un acto revolucionario porque va contra sistema. Ahí donde nos quieren productivos preferimos ser fecundos. Con respecto a lo que recomiendo, yo leo y pido todos los libros con mucha dedicación, no pido nada que no me pueda llegar a gustar porque sino no lo puedo leer, y menos que menos recomendar. Por eso los libros en mis estantes no son muchos porque no me interesa tener cantidad, prefiero la humildad de lo poco pero bueno.

Nuria: Al haberse generado una referencia del tipo de libros que trabajo, muchas veces me consultan por títulos que no suelen conseguirse, ya sea porque son de editoriales independientes o porque son temáticas que en los estantes de la mayoría de las librerías no están, como por ejemplo libros sobre feminismos o novelas gráficas. Si bien es imposible leer todos los libros que llegan, intento saber de qué trata cada uno y recomiendo fuerte los que más me gustaron. Como dice la descripción de la página, "trabajamos los libros que nos gusta leer".

—¿Qué pensás de la frase que suelen decir: “las personas cada vez leen menos”?

Natalia: —Pienso que cada uno hace lo que le gusta y lo que disfruta. Si la lectura llega de una buena forma es casi imposible que alguien se resista. Es un hábito, claro, y supone dejar el teléfono y la computadora y todos los elementos tecnológicos de lado, pero si te interesa y te atrapa eso que leés entonces aparece un espacio íntimo increíble. A mí me encanta ese ejercicio de imaginar y sentir que ocurre en la lectura.

Elizabeth: —Lo que Pedro dice de Juan, dice más de Pedro que de Juan. Se lee muchísimo, y se lee de todo, todo el tiempo. Sino, no habría explicación de por qué me va tan bien. Además, de yapa digo: el 70 por ciento de las personas que leemos somos mujeres, propongo cambiar urgente el genérico lectores por lectoras.

Nuria: —No sé si en verdad existió un pasado donde las personas leyeran más que lo que leen hoy, pero hoy se lee mucho. También está esto de "los jóvenes están todos en cualquiera, no te leen un libro ni por casualidad", y leer un libro no es un acto honorable per sé. La cultura pasa por muchos otros lados. Los libros siempre fueron un vehículo de conocimiento. En todo caso, si las personas leen cada vez menos libros, es porque están obteniendo la información por otra parte, y está bien.

—En la actualidad se le está dando mayor visibilidad a escritoras mujeres, podríamos nombrar entre ellas a Mariana Enriquez, Samanta Schweblin, Vera Giaconi, Margarita García Robayo, ¿qué opinión tenés de lo que está sucediendo con la literatura escrita por mujeres? Y por otro lado, “La ladrona de libros”, “La vecina de libros" y “Arde”, son proyectos similares de venta de libros en casas o por redes sociales, y también llevados adelante por mujeres ¿qué lugar te parece que están ocupando las mujeres en la literatura?

Natalia: —No me parece novedoso que las mujeres lleven adelante proyectos o sean buenas escritoras. Lo que se habilitó ahora es el mostrarnos, se visibilizó ese trabajo a la par de un cambio social, por supuesto, en el que no -solo- tenemos que limpiar la casa y tener hijos. Yo lo festejo, pero no me gusta la marca "literatura escrita por mujeres", porque nadie hace una flecha con luces cuando hay libros escritos por hombres. Ojalá cada vez sea menos llamativo que las mujeres hagamos lo que queremos y ocupemos espacios que el patriarcado le asignó a los hombres como si les correspondieran por naturaleza.

Elizabeth: —Es un tema extenso. Yo creo que siempre hubo muchas Virginias, muchas Samantas y muchas Marianas, a ver si me puedo explicar: la literatura de mujeres no existe porque tampoco existe la literatura de hombres. Me parece que las mujeres nos volvimos a sentir más libres gracias al movimiento feminista y con ayuda de otros factores, como el económico, logramos una mayor visibilización, pero siempre ese potencial existió y estuvo ahí, solo que ahora se ve más y se valora diferente, por suerte. Algunas escritoras se leen y se venden un montón simplemente porque rompen esquemas y hoy gustan mucho más que otras opciones: dentro de las otras opciones están los hombres, pero también otras mujeres. Pero no, no se divide la literatura en géneros, por lo menos no en esos términos.

Nuria: —Me parece revolucionario lo que está pasando en el mundo en general con el movimiento de mujeres. En el arte, históricamente los hombres nos han pintado, nos han dedicado canciones, nos han escrito poemas. Hablaron por y de nosotras. Y que hoy seamos muchísimas las mujeres las que producimos arte y conocimiento, me parece extraordinario. Porque hay todo un mundo que contar de nuevo, desde nuestros ojos. Particularmente en la literatura, venimos de una historia donde las mujeres debían firmar sus escritos con nombre de hombre para ser publicados. Entonces, el hecho de que hoy tomen protagonismo talentosísimas escritoras, editoras, diseñadoras, ilustradoras, da muestras de que se está rompiendo con el viejo paradigma machista para crear otro nuevo, uno más igualitario, y orgullosamente podemos decir que esta transformación la estamos impulsando las mujeres.

Fotografía: Gentileza La Vecina Libros.
Post date: 2018-02-06 13:57:49
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Post modified date: 2018-02-06 14:37:30
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