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“No piensa en autonomía nacional, sino en tapar los huecos con deuda”




Por Diego Carballido 

“Dossier de Economía” es un espacio donde Sin Cerco sale en búsqueda de la palabra de distintos economistas que se desempeñan tanto a nivel local como nacional. Tiene como objetivo de convertirse en una herramienta de comprensión de un tema que nos atraviesa en nuestro cotidiano vivir: la economía.

En un momento en donde nos acercamos paulatinamente al final del 2016, y al cumplirse un año de la asunción del nuevo presidente, compartimos una serie de entrevistas con la mirada puesta en el presupuesto nacional para el año próximo y las primeras conclusiones, en materia económica, de lo sucedido en este tiempo.

Miradas que intentarán ser una ayuda a la hora de pensar nuestro presente. Visiones que nos permitirán, anclados en un eje de cifras y estadísticas, trazar las primeras líneas de nuestro futuro inmediato.

Dossier de economía: Capítulo dos

No fue sencillo coordinar con la licenciada Julia Strada pero finalmente pudimos encontrarnos en una llamada telefónica e intercambiar algunos conceptos sobre economía, un tema que, por lo visto, aborda con pasión y compromiso social. Julia es una licenciada en Ciencia Política de la UNR que luego se especializó en economía política, a través de un Magister obtenido en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO-, para finalmente doctorarse en Desarrollo Económico en la Universidad de Quilmes. Actualmente, es integrante, junto a otros economistas, del CEPA –Centro de Economía Política Argentina- y tal vez la reconozcan por sus apariciones en el canal de noticias C5N, junto a Víctor Hugo Morales.     



—¿Cuáles son las primeras impresiones que tuviste al ver el presupuesto nacional para el año que viene?

—Desde el CEPA hicimos un análisis macro económico sobre el presupuesto vinculado al dictamen de minoría que hizo el bloque del Frente para la Victoria, junto a Axel Kiciloff, y vimos una cuestión muy clara. Pareciera existir una inconsistencia entre una inflación del 17 por ciento y un crecimiento del PBI de 3,5 por ciento, porque se supone que ese aumento del PBI generaría una inflación mayor. Por lo tanto, se rompería la meta propuesta, y de cumplirse, difícilmente esto resulte un crecimiento del PBI superior al 3 por ciento. Esto es, en función de una economía que, en general, trae aparejada a la inflación con el crecimiento. Pero es una verdad que dista de ser comprobada, porque el 2016 también fue un año de caída del PBI. En segundo lugar, se espera un crecimiento de la inversión del 14,5 por ciento, lo cual es seguir esperando la "lluvia de inversiones". Algunos dicen, que eso significaría pasar la elasticidad de inversión del PBI desde 1,4 por ciento del gobierno anterior a 3 por ciento del gobierno actual. Sería como volver a plantear una relación entre el PBI y la inversión totalmente inexistente. Es pensar nuevamente a la inversión como dinamizadora del producto, cuando no se logró a lo largo de este año.

—¿Hay un porcentaje, bastante significativo, del presupuesto que está sujeto a un hecho que no sabemos si sucederá?

—Así es, y también se está pensando en un crecimiento nominal de las exportaciones, siempre dependiente de un dinamismo externo que no se dio durante 2016, a pesar de la devaluación. Habría que ver qué sucede el año que viene si no hay devaluación, porque se espera que sea del 20 por ciento pero recién para después de las elecciones, por lo tanto tendríamos una dinamización exportadora recién en el 2018. Otra cuestión, es que se estima que los salarios no crezcan más que la inflación, cerca del 17 por ciento, y eso significa internalizar el ajuste laboral de este año. Dejando pérdida del poder adquisitivo, que luego no se compensa. 

—¿Hay valores sobre la pérdida del poder adquisitivo durante este año?

—A nosotros nos está dando, con los principales trece convenios, entre un 7 y un 11 por ciento de pérdida real, hablando del sector privado. 

—Con respecto a las medidas económicas tomadas por el Ejecutivo, ¿ves un modelo marcado o solo medidas coyunturales?

—Creemos que se tomaron una serie de medidas, al comienzo del macrismo, que directamente salieron a compensar con los compromisos asumidos. Fueron las medidas relacionadas con los tarifazos en electricidad, el corrimiento de algunas áreas de coordinación nacional, la liberación cambiaria, el levantamiento del cepo cambiario, la posibilidad de “jugar” que tiene la banca internacional y la quita de retenciones; todo fue claramente una devolución de favores. Lo que vino después, fue parte de la discusión sobre las formas del ajuste fiscal, si se haría en términos graduales o en forma de shock. Claramente, ganó el gradualismo debido a una fuerte resistencia social, a partir de las protestas por el tarifazo, postergando el ajuste fiscal, no para el año que viene, sino para el 2018. En ese caso, vemos una improvisación sobre la marcha pero en virtud de una economía que no crecía, porque la economía no repuntaba, y porque hubo mucha resistencia social a seguir ajustando. De todas maneras, fue una improvisación en función de un rumbo ya definido, en donde los trabajadores serían los perjudicados, y donde tampoco se hicieron compensaciones para los jubilados o los beneficiados de la Asignación Universal por Hijo. En definitiva, se trata de una nueva redistribución del ingreso, llevarla al 70/30 en favor de los grandes capitales, abandonando la vieja meta del peronismo que pregonaba un 50/50.

—O sea, es un modelo de ajuste que, por el momento, encuentra resistencia en la gente.

—Hay niveles de planificación. Aquellas medidas que son de trazo grueso, está claro que responden de manera coherente a un patrón más excluyente. Donde los trabajadores pierden en la distribución del ingreso. Ahora, si me preguntás, a un nivel más específico del Ministerio de Economía, cuál es la planificación que prevaleció en 2016, te diría que en una primera instancia se respondieron esos "favores" y en una segunda instancia, se evaluó hasta dónde era posible el ajuste. No pudieron avanzar en materia fiscal, y eso les valió las quejas del FMI –Fondo Monetario Internacional- en su última visita.

—Hablando de capitales extranjeros, ¿qué lugar ocupó la deuda externa a lo largo de este año?

—Hay un dato que habla de un total de 40.000 millones de dólares, es el más sólido. Algunos economistas, como Alfredo Zaiat, hacen la suma con la emisión de Letras del Banco Central y lo que representa en términos de interés. A mi criterio, no es una suma válida porque eso lo tiene que pagar el Central, la deuda del tesoro, y serían dos cosas distintas. Los “Intereses de Letras” se pagan con el balance del Banco Central, más allá de que eso te puede llegar a generar algún tipo de emisión monetaria que pueda derivar en un endeudamiento en pesos. Lo que cuenta, en realidad, es la deuda en dólares.

—Si vimos que hubo una reducción de algunos estamentos del Estado, ¿con qué objetivos tomamos deuda?

—El “regreso de la Argentina al mundo” tiene que ver con ingresar en los mercados financieros, convertirnos nuevamente en un histórico deudor de la banca transnacional. En segundo lugar, hay un esquema que no piensa en una autonomía nacional, que logre autofinanciarse, sino en tapar los huecos con deuda. En este sentido, estamos usando la deuda para financiar gasto corriente, por lo tanto, hay una clara decisión política de hipotecar el futuro.

—¿Por qué se usa para gastos corrientes? ¿El Estado no está recaudando los fondos necesarios?

—El déficit se había agravado durante los últimos meses del 2015, pero las provincias estaban desendeudadas, teníamos un proceso relativamente sano. El déficit se agravó por la caída de la recaudación durante este año. Debido a la baja de los impuestos que dependen de la actividad económica, por ejemplo el IVA y ganancias, como también por la eliminación de las retenciones. Hay un informe del diario Clarín que aumenta un 336 por ciento el déficit fiscal.     

—Por lo tanto, ¿tomamos deuda y no alcanza a para cubrir el déficit?      

—El problema es que la deuda no se está usando para proyectos productivos, sino para pagar el funcionamiento del Estado.

—¿Y eso no tiene un límite a corto plazo? 

—Algunos dicen que cuando la deuda supera el 30 por ciento del PBI en dólares, se encienden las primeras luces de alerta de parte del FMI. Hoy estamos en el 19 por ciento.



—Regresando al presupuesto 2017, ¿vieron diferencias con respecto a las partidas asignadas para este año? 

—Hicimos un análisis del Ministerio de Desarrollo Social, y en relación con la disputa que existe con las organizaciones sociales, vimos que gran parte del ingreso social con trabajo del programa Argentina Trabaja ya se había estipulado en octubre, en el presupuesto. Con lo cual, el supuesto acuerdo después de la gran movilización de hace unas semanas, ya estaba más o menos concretado y previsto en el presupuesto. Estamos hablando de 260.000 nuevos beneficiarios de programas. También vimos un incremento en la entrega de mercadería a los comedores respondiendo a una mayor necesidad. Vemos un avance de la política de contención, en el marco de un retroceso de la política laboral.

—Desde el CEPA, ¿han estudiado los números de la desocupación?

—Hicimos un estudio que nos arrojó un total de 208.000 despidos, desde diciembre de 2015 hasta el mes de septiembre de este año. 

—¿Hay sectores más desfavorecidos?

—Hay una primera ola de despidos del sector público, hasta marzo, y desde allí comienzan los despidos en el sector privado, sobre todo en la construcción y la industria. Hacia el fin del primer semestre, arrancó el problema con el sector de servicios, un área que depende de la industria para generar empleo.

—¿Los despidos se dan en industrias locales o en firmas internacionales?

—Las grandes empresas superan, tres veces, en cantidad de despidos a las empresas más pequeñas. Entendiendo por grande a las empresas que tienen más de cien trabajadores, que hasta el momento llevan despedidos 88.000, y las empresas más chicas dejaron sin trabajo a un total de 32.000 personas.  

—De acuerdo con estos valores, en función de las medidas que se tomaron, y siendo extremadamente benévolos, ¿cómo creés que se puede dar la reactivación de la economía?

—Hay que dividir la respuesta en dos partes, si el problema es la reactivación o el rebote económico hay muchas herramientas, como la toma de deuda o los planes para reactivar el consumo, pero la cuestión es si discutimos elementos de reactivación o hablamos del rumbo de la economía. En ese caso, hay otra serie de medidas y el consumo es una discusión secundaria, la cuestión es si tu motor de crecimiento es o no la industria. Y en estos momentos, no hay una política industrial. Se puede discutir si el gobierno anterior tenía o no, elementos macroeconómicos frente a la industria pero de esta manera, seguramente, que no los hay. 
Post date: 2016-12-08 20:55:21
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